“Un mendigo ciego llamado Bartimeo estaba sentado junto al camino. Al oír que el que venía era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!”
Evangelio según San Marcos 10:46,47
Hace algún tiempo leí una historia que un miembro de la congregación me entregó. La misma cuenta que un día, cierto pastor fue a visitar a un simpatizante de su iglesia. Como tocó a la puerta y nadie contestó, decidió dejarle una notita con la siguiente cita bíblica: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apoc. 3:20). Unos días más tarde, el pastor recibió una correspondencia del hermano a quien él había ido a visitar. La misma contenía una notita con una cita bíblica que decía: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” (Gen. 3:10).
Pienso que todos hemos tenido experiencias similares. Hemos escuchado que alguien nos llama; pero por distintas razones, hemos optado por no responder a las mismas. O tal vez, hemos levantado nuestra voz buscando ser atendidos, sin encontrar respuesta alguna.
El texto del evangelio para el día de hoy nos presenta la singular historia de un ciego llamado Bartimeo. Este hombre, cuando se enteró de que Jesús andaba cerca, comenzó a dar voces, con el fin de hacerse notar y llamar la atención de quien entendía tenía el poder para auxiliarle. El texto dice que los que acompañaban al Maestro trataban de impedir que Bartimeo lograra acceso al Señor. Sin embargo, éste continuaba llamando a Jesús aún con mayor vehemencia. Una pregunta que nos parece apropiado hacernos es: ¿Por qué razón la gente trataba de impedir que el ciego se acercara a Jesús? Resulta que las reglas de costumbre que imperaban establecían que los maestros no debían ser interrumpidos por gente como Bartimeo, pues tenían asuntos mucho más importantes que atender. Sin embargo, el Maestro lo escucha, se detiene, lo manda a llamar, lo atiende, lo sana y permite que le haga compañía. La lección me parece clara y contundente: El Señor está atento al clamor del ser humano y, ¿qué tal nosotros?
lunes 26 de octubre de 2009
Sobre La Reforma
En su connotación eclesiástica, reforma indica la remoción de los abusos y la reordenación de los asuntos de la iglesia en conformidad con la Palabra de Dios. Históricamente, la Reforma se refiere a la renovación de la iglesia ocurrida en el siglo dieciséis por la revitalización proveniente de su fuente en la Palabra. Schaff, en forma correcta, consideraba la Reforma como “el acontecimiento más grande de la historia después de la introducción del cristianismo”. Marca el fin de la Edad Media y el comienzo de los tiempos modernos. Partiendo desde la religión, dio (directa o indirectamente) un poderoso impulso a todo movimiento que significó progreso, y convirtió al protestantismo en la principal fuerza impulsora en la historia de la civilización moderna.
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En la Primera Iglesia Presbiteriana en Bayamón
Compasión
Un hombre regresó a su casa y encontró a su madre conversando con un vagabundo en la cocina mientras éste comía unos bocadillos que la señora le había preparado. En su camino hacia el mercado, ella se lo había encontrado y le había hallado no sólo en gran necesidad de ayuda física sino también espiritual. El hombre llegó a escuchar algo de la conversación de su madre con el vagabundo.
- Desearía encontrar a mucha gente como usted en el mundo –decía el vagabundo.
- Los hay. Sólo tiene que buscarlos –contestó la señora.
- Pero señora –contestó él–, yo no la busqué a usted, ¡usted me buscó a mí!
¿No es ese el llamamiento de Dios y la lección de la parábola de la oveja perdida (Luc. 15:3-7)?
.LECTURAS
domingo, 25 de octubre Hebreos 7:23-38
lunes, 26 de octubre Zacarías 1:7-17
martes, 27 de octubre Esdras 5:1-17
miércoles, 28 de octubre Lamentaciones 2:8-15
jueves, 29 de octubre Nehemías 1:1-11
viernes, 30 de octubre Apocalipsis 6:12-7:4
sábado, 31 de octubre Mateo 13:31-35
- Desearía encontrar a mucha gente como usted en el mundo –decía el vagabundo.
- Los hay. Sólo tiene que buscarlos –contestó la señora.
- Pero señora –contestó él–, yo no la busqué a usted, ¡usted me buscó a mí!
¿No es ese el llamamiento de Dios y la lección de la parábola de la oveja perdida (Luc. 15:3-7)?
.LECTURAS
domingo, 25 de octubre Hebreos 7:23-38
lunes, 26 de octubre Zacarías 1:7-17
martes, 27 de octubre Esdras 5:1-17
miércoles, 28 de octubre Lamentaciones 2:8-15
jueves, 29 de octubre Nehemías 1:1-11
viernes, 30 de octubre Apocalipsis 6:12-7:4
sábado, 31 de octubre Mateo 13:31-35
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