“… el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.”
Evangelio según San Marcos 10:43,44
Cada vez con mayor frecuencia, participamos del espectáculo de ver algunos jugadores de béisbol, baloncesto o fútbol americano que muestran su inconformidad con relación a los salarios que reciben. A pesar de que ganan más dinero en un año, que el que la mayoría de nosotros no nos ganaremos en toda una vida, se muestran insatisfechos. Uno se preguntará, ¿por qué razón se quejan, si yo estaría más que satisfecho con una cuarta parte de su salario? Entiendo que la razón de su descontento se amapara en la comparación.
Cuando llega el momento de que estas superestrellas tienen que volver a negociar sus contratos, otros jugadores han firmado convenios superiores a los suyos. Entonces, piensan que ellos se merecen un trato mucho mejor; de nuevo, basado en la comparación. C. S. Lewis ya hizo, antes de la llegada de los contratos multimillonarios, esta acertada observación: “Decimos que la gente está orgullosa de ser rica, inteligente o atractiva, pero no es así. Están orgullosos de ser más ricos, o más inteligentes, o más atractivos. Si todos fuéramos iguales en riqueza, inteligencia o belleza, no habría nada de qué enorgullecernos.”
Cuando Jesús tuvo que manejar la tensión entre sus discípulos con respecto a quién era el más grande, o quién tendría los lugares de privilegio, les enseñó una importante lección. Ésta es: Existe un marcadísimo contraste entre la concepción nuestra de la grandeza, y la del Señor. Si deseas compararte con alguien, compárate con Él, que fue el siervo de todos.
martes 31 de marzo de 2009
Sobre Cristo como Modelo de Misión
“La vida, la muerte, la resurrección y el retorno prometido de Jesucristo han establecido el modelo para la misión de la iglesia. Su vida como ser humano involucra a la iglesia en la vida ordinaria de la humanidad. Su servicio a los seres humanos compromete a la iglesia a trabajar en pro del bienestar humano en todas sus formas. Su sufrimiento hace a la iglesia sensible a todos los sufrimientos humanos, de manera que contempla la faz de Cristo en el rostro de los seres humanos que sufren toda clase de privaciones. Su crucifixión revela a la iglesia el juicio de Dios sobre la crueldad del ser humano hacia sus semejantes, y las consecuencias terribles de su propia complicidad en la injusticia. En el poder del Cristo resucitado y en la esperanza de su retorno, la iglesia contempla la promesa de la renovación de la vida del ser humano en la sociedad, y de la victoria de Dios sobre toda maldad. La iglesia sigue este modelo en su forma de vida y en su método de trabajo. Vivir y servir de esta manera es confesar a Cristo como Señor.”*
* La Confesión de 1967 (9.32)
* La Confesión de 1967 (9.32)
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En la Primera Iglesia Presbiteriana en Bayamón
lunes 23 de marzo de 2009
La Mejor Expresión De Obediencia
“Jesús les contestó: La única obra que Dios quiere es que crean en Aquél que Él ha enviado.”
Evangelio según San Juan 6:29
La asociación que, por naturaleza, establecemos entre la obediencia y su respuesta requerida es alguna acción de parte nuestra. Decimos: “Yo soy obediente porque yo me porto bien. Yo hago esto, aquello, lo otro. O, yo no hago esto. Yo no hago aquello o lo otro.” Pero, ¿qué tal si la orden que nos mandan a obedecer fuese que no hiciéramos nada?
Por ejemplo, tomemos el caso de una persona se está ahogando, y va a ser rescatada por un salvavidas. La orden que el salvavidas le dará será: ¡Quédese quieto! O ¡No se mueva! La razón para ello es, que mientras una persona está tratando de hacer algo por salvarse, imposibilita el trabajo del rescatador. En ese caso, la mejor autoayuda es no hacer nada o confiar en la capacidad del salvavidas.
En cierta ocasión le preguntaron al Señor: ¿cuáles son las obras que Dios quiere que hagamos? Lo que estaba implícito en la pregunta era la idea de que Dios requiere de nosotros alguna expresión particular de obediencia. Por otro lado, la respuesta que ofreció el Maestro fue que la obra que Dios requería era creer en Aquél a quien Dios había enviado. Esta profunda y trascendental verdad la podemos ver en lo que ha sido denominado como el centro del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. El mismo está contenido en el versículo dieciséis del capítulo tres del evangelio según San Juan. Allí se enseña que lo único que el ser humano puede hacer para obtener la salvación es creer en lo que hizo nuestro Señor Jesús. Esa es la mejor expresión de obediencia.
Pastor Rivera
Evangelio según San Juan 6:29
La asociación que, por naturaleza, establecemos entre la obediencia y su respuesta requerida es alguna acción de parte nuestra. Decimos: “Yo soy obediente porque yo me porto bien. Yo hago esto, aquello, lo otro. O, yo no hago esto. Yo no hago aquello o lo otro.” Pero, ¿qué tal si la orden que nos mandan a obedecer fuese que no hiciéramos nada?
Por ejemplo, tomemos el caso de una persona se está ahogando, y va a ser rescatada por un salvavidas. La orden que el salvavidas le dará será: ¡Quédese quieto! O ¡No se mueva! La razón para ello es, que mientras una persona está tratando de hacer algo por salvarse, imposibilita el trabajo del rescatador. En ese caso, la mejor autoayuda es no hacer nada o confiar en la capacidad del salvavidas.
En cierta ocasión le preguntaron al Señor: ¿cuáles son las obras que Dios quiere que hagamos? Lo que estaba implícito en la pregunta era la idea de que Dios requiere de nosotros alguna expresión particular de obediencia. Por otro lado, la respuesta que ofreció el Maestro fue que la obra que Dios requería era creer en Aquél a quien Dios había enviado. Esta profunda y trascendental verdad la podemos ver en lo que ha sido denominado como el centro del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. El mismo está contenido en el versículo dieciséis del capítulo tres del evangelio según San Juan. Allí se enseña que lo único que el ser humano puede hacer para obtener la salvación es creer en lo que hizo nuestro Señor Jesús. Esa es la mejor expresión de obediencia.
Pastor Rivera
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En la Primera Iglesia Presbiteriana en Bayamón
Sobre La Justificación
“A quienes Dios llama eficazmente, también los justifica gratuitamente no por infundir justicia en ellos sino por perdonarles sus pecados, tener y aceptar sus personas como justos; no por algo hecho en ellos o por ellos sino solamente por causa de Cristo; no por acreditar la fe misma, ni el hecho de creer o cualquier otra obediencia evangélica, como justicia propia, sino acreditando a ellos la obediencia y la satisfacción de Cristo; y ellos recibiendo y apoyándose en Su justicia por la fe; fe que no proviene de ellos mismos sino que es un don de Dios.
Así, la fe es el único instrumento de justificación cuando ésta recibe a Cristo y se apoya en Su justicia. Sin embargo, en la persona justificada la fe no va sola sino que va acompañada de todas las demás gracias salvadoras. Y ésta no es una fe muerta sino que actúa por amor.”*
* Confesión de Fe de Westminster (6.068, 6.069)
Así, la fe es el único instrumento de justificación cuando ésta recibe a Cristo y se apoya en Su justicia. Sin embargo, en la persona justificada la fe no va sola sino que va acompañada de todas las demás gracias salvadoras. Y ésta no es una fe muerta sino que actúa por amor.”*
* Confesión de Fe de Westminster (6.068, 6.069)
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En la Primera Iglesia Presbiteriana en Bayamón
martes 17 de marzo de 2009
Una Reprensión Necesaria
“Respondió Jesús, y les dijo: Destruid este santuario, y en tres días lo levantaré.”
Evangelio según San Juan 2:19
Se dice que en cierta ocasión John Wesley recibió una carta que leía así: “Sr. Wesley, el Señor me dijo que le dejara saber a usted que Él no necesita sus conocimientos, sus estudios, su griego, ni su hebreo”. Wesley le contestó: “Gracias, señor. Su carta no me ha dicho nada nuevo, ya que ya yo sabía que Dios no necesita mis conocimientos ni mis estudios, tal y como usted lo describió. Ahora bien, aunque Dios no me ha dicho que le diga esto; por mi propia cuenta, me gustaría dejarle saber que Dios tampoco necesita su ignorancia.”
Esa fue una buena reprensión. ¿No le parece? Lo que no sabemos es de qué manera haya reaccionado esta persona. Dios permita que haya aprendido algo con esta reprensión. Por otro lado, pienso que es bueno, y tal vez, hasta necesario, que aprendamos a manejar efectivamente nuestras reacciones a la hora de recibir una reprensión. Evidentemente, recibir una reprensión es una de las experiencias que más disgusta al ser humano. Pero, como dijo Juan Luis Vives: “Jamás es nociva la reprensión aunque venga de tu enemigo”.
Pero, ¿qué le parece si esa reprensión viene de parte del Señor? Los evangelios registran uno de los momentos más dramáticos y controversiales en el ministerio de Jesús, cuando éste reprendió y expulsó a los mercaderes que hacían negocios en el templo de Jerusalén. Lo que allí estaba sucediendo era que el espacio que estaba destinado para dar acceso a la adoración a los que no eran judíos, se estaba utilizando para establecer aquel mercado ilícito. Pero además, Jesús aprovecha la ocasión para dejarles saber que Él mismo vendría a ser el nuevo lugar de encuentro con Dios, y no el templo. Además, con ello, todo aquel sistema de sacrificios dejaría de existir.
Evangelio según San Juan 2:19
Se dice que en cierta ocasión John Wesley recibió una carta que leía así: “Sr. Wesley, el Señor me dijo que le dejara saber a usted que Él no necesita sus conocimientos, sus estudios, su griego, ni su hebreo”. Wesley le contestó: “Gracias, señor. Su carta no me ha dicho nada nuevo, ya que ya yo sabía que Dios no necesita mis conocimientos ni mis estudios, tal y como usted lo describió. Ahora bien, aunque Dios no me ha dicho que le diga esto; por mi propia cuenta, me gustaría dejarle saber que Dios tampoco necesita su ignorancia.”
Esa fue una buena reprensión. ¿No le parece? Lo que no sabemos es de qué manera haya reaccionado esta persona. Dios permita que haya aprendido algo con esta reprensión. Por otro lado, pienso que es bueno, y tal vez, hasta necesario, que aprendamos a manejar efectivamente nuestras reacciones a la hora de recibir una reprensión. Evidentemente, recibir una reprensión es una de las experiencias que más disgusta al ser humano. Pero, como dijo Juan Luis Vives: “Jamás es nociva la reprensión aunque venga de tu enemigo”.
Pero, ¿qué le parece si esa reprensión viene de parte del Señor? Los evangelios registran uno de los momentos más dramáticos y controversiales en el ministerio de Jesús, cuando éste reprendió y expulsó a los mercaderes que hacían negocios en el templo de Jerusalén. Lo que allí estaba sucediendo era que el espacio que estaba destinado para dar acceso a la adoración a los que no eran judíos, se estaba utilizando para establecer aquel mercado ilícito. Pero además, Jesús aprovecha la ocasión para dejarles saber que Él mismo vendría a ser el nuevo lugar de encuentro con Dios, y no el templo. Además, con ello, todo aquel sistema de sacrificios dejaría de existir.
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En la Primera Iglesia Presbiteriana en Bayamón
Sobre Cristo Como Mediador
“Dios, nuestro clementísimo Padre, dispuso lo que sabía que nos era más útil y provechoso. Porque, habiéndonos nuestros pecados apartado totalmente del reino de Dios, como si entre Él y nosotros se hubiera interpuesto una nube, nadie que no estuviera relacionado con Él podía negociar y concluir la paz. ¿Y quién podía serlo? ¿Acaso alguno de los hijos de Adán? Todos ellos, lo mismo que su padre, temblaban a la idea de comparecer ante el acatamiento de la majestad divina. ¿Algún ángel? También ellos tenían necesidad de una Cabeza, a través de la cual quedar sólida e indisolublemente ligados y unidos a Dios. No quedaba más solución que la de que la majestad divina descendiera a nosotros, pues no había nadie que pudiese llegar hasta ella.”*
* Institución de la Religión Cristiana (II-XII.1)
* Institución de la Religión Cristiana (II-XII.1)
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En la Primera Iglesia Presbiteriana en Bayamón
martes 10 de marzo de 2009
El Peso De Tu Cruz
Un joven, ya no daba más con sus problemas. Cayó de rodillas, orando:
- “Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada”.
El Señor, como siempre, acudió y le contestó,
- “Hijo mío, si no puedes llevar el peso de tu cruz, guárdala dentro de esa habitación. Después, abre esa otra puerta y escoge la cruz que tú quieras.”
El joven suspiró aliviado.
- “Gracias, Señor” dijo, e hizo lo que le había dicho.
Al entrar, vio muchas cruces, algunas tan grandes que no les podía ver la parte de arriba.
Después, vio una pequeña cruz apoyada en un extremo de la pared.
- “Señor”, susurró, “quisiera esa que está allá.”
Y el Señor contestó:
- “Hijo mío, esa es la cruz que acabas de dejar.”
Cuando los problemas de la vida nos parecen abrumadores, siempre es útil mirar a nuestro alrededor y ver las cosas con las que se enfrentan los demás. Verás que debes considerarte más afortunado de lo que te imaginas.
www.webselah.com/new/verrecurso.asp?CodigoDeltem=1995
- “Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada”.
El Señor, como siempre, acudió y le contestó,
- “Hijo mío, si no puedes llevar el peso de tu cruz, guárdala dentro de esa habitación. Después, abre esa otra puerta y escoge la cruz que tú quieras.”
El joven suspiró aliviado.
- “Gracias, Señor” dijo, e hizo lo que le había dicho.
Al entrar, vio muchas cruces, algunas tan grandes que no les podía ver la parte de arriba.
Después, vio una pequeña cruz apoyada en un extremo de la pared.
- “Señor”, susurró, “quisiera esa que está allá.”
Y el Señor contestó:
- “Hijo mío, esa es la cruz que acabas de dejar.”
Cuando los problemas de la vida nos parecen abrumadores, siempre es útil mirar a nuestro alrededor y ver las cosas con las que se enfrentan los demás. Verás que debes considerarte más afortunado de lo que te imaginas.
www.webselah.com/new/verrecurso.asp?CodigoDeltem=1995
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En la Primera Iglesia Presbiteriana en Bayamón
¿Qué Es El Arrepentimiento Para Vida?
“El arrepentimiento para vida es una gracia salvadora, operada en la corazón del pecador por el Espíritu y la Palabra de Dios por la cual percibiendo y sintiendo no sólo lo peligroso, sino también lo inmundo y odioso de sus pecados, y basados en la aprehensión de la misericordia de Dios en Cristo para aquellos que se afligen, sienten tristeza por sus pecados, los odian, y se tornan de todos ellos a Dios, proponiéndose y esforzándose constantemente en andar con Dios en todos los caminos de una nueva obediencia.”*
* El Catecismo Mayor (7.186)
* El Catecismo Mayor (7.186)
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En la Primera Iglesia Presbiteriana en Bayamón
El Primer Paso Hacia La Obediencia
“Ya se cumplió el plazo señalado, el reino de Dios está cerca. Vuélvanse a Dios y acepten con fe sus buenas noticias.”
Evangelio según San Marcos 1:15
La obediencia cristiana es uno de esos temas que generan gran discusión en el seno de cualquier congregación. Generalmente, el tema de la obediencia cristiana se ha circunscrito al cumplimiento de ciertas reglas de conducta. De esta manera, el pueblo de Dios se enfrenta constantemente a la tentación de sustituir la realidad espiritual por rituales religiosos.
Sin embargo, las Sagradas Escrituras se encargan de aclarar el entendimiento nuestro sobre este importante tema. Por ejemplo, las palabras de Samuel (I Sam. 15:22,23) no le quitan importancia a los sacrificios, sino más bien señalan que la condición del corazón determina el valor del sacrificio (Sal. 51:16,17). Dios no se enriquece con nuestros dones y ofrendas (Sal. 50:12-14), pero nosotros sí quedamos enriquecidos si nuestras ofrendas están respaldadas por corazones obedientes (Miq. 6:7,8).
Dios conoce nuestros pensamientos, nuestros corazones y nuestras intenciones. Es decir, que Dios no puede ser burlado. Por esa misma razón, le invitamos a que juntos hagamos un examen de las motivaciones que acompañan nuestras prácticas de penitencia en estos días de Cuaresma. En general, podemos afirmar que el pueblo de Dios es invitado a vivir una vida de obediencia a Dios. Pero, ¿cuál será el primer paso en la búsqueda de esa vida obediente? Según el texto del evangelio para este primer domingo de Cuaresma, la forma en la que Jesús inicia su prédica es la siguiente: “El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio.” A la luz del imperativo contenido en este versículo, podemos afirmar que el primer paso de obediencia deben ser el arrepentimiento y la fe. Sin estos ingredientes, todas las demás prácticas carecen de valor alguno.
Evangelio según San Marcos 1:15
La obediencia cristiana es uno de esos temas que generan gran discusión en el seno de cualquier congregación. Generalmente, el tema de la obediencia cristiana se ha circunscrito al cumplimiento de ciertas reglas de conducta. De esta manera, el pueblo de Dios se enfrenta constantemente a la tentación de sustituir la realidad espiritual por rituales religiosos.
Sin embargo, las Sagradas Escrituras se encargan de aclarar el entendimiento nuestro sobre este importante tema. Por ejemplo, las palabras de Samuel (I Sam. 15:22,23) no le quitan importancia a los sacrificios, sino más bien señalan que la condición del corazón determina el valor del sacrificio (Sal. 51:16,17). Dios no se enriquece con nuestros dones y ofrendas (Sal. 50:12-14), pero nosotros sí quedamos enriquecidos si nuestras ofrendas están respaldadas por corazones obedientes (Miq. 6:7,8).
Dios conoce nuestros pensamientos, nuestros corazones y nuestras intenciones. Es decir, que Dios no puede ser burlado. Por esa misma razón, le invitamos a que juntos hagamos un examen de las motivaciones que acompañan nuestras prácticas de penitencia en estos días de Cuaresma. En general, podemos afirmar que el pueblo de Dios es invitado a vivir una vida de obediencia a Dios. Pero, ¿cuál será el primer paso en la búsqueda de esa vida obediente? Según el texto del evangelio para este primer domingo de Cuaresma, la forma en la que Jesús inicia su prédica es la siguiente: “El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio.” A la luz del imperativo contenido en este versículo, podemos afirmar que el primer paso de obediencia deben ser el arrepentimiento y la fe. Sin estos ingredientes, todas las demás prácticas carecen de valor alguno.
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En la Primera Iglesia Presbiteriana en Bayamón
Primer Domingo de Cuaresma
Hoy celebramos el primer domingo de la temporada de Cuaresma. Pero, ¿qué es la Cuaresma? La Cuaresma comprende los cuarenta días previos a la celebración de la Resurrección de nuestro Señor. Sin embargo, si usted calcula desde el miércoles de Ceniza hasta la Resurrección habrá sumado cuarenta y siete días y no cuarenta. Lo que sucede es que los siete domingos entre esos días no se cuentan, y la razón para ello es que en la temporada de Cuaresma, en la cual la nota dominante es el arrepentimiento y la penitencia, los domingos se consideran días de celebración.
Por otro lado, durante la Cuaresma, la iglesia antigua invitaba a los nuevos creyentes a la reflexión, al estudio, a la oración y a la abstinencia. Así se preparaban para recibir el bautismo y unirse formalmente a la iglesia el domingo de Resurrección. Mientras esto sucedía, la iglesia se unía a ellos en este proceso de reflexión, en preparación para renovar sus votos de compromiso con el Señor.
La Cuaresma debe servir como invitación a reconocer nuestra fragilidad e imperfección, por un lado, y a recordar la gracia de Dios que se extiende precisamente sobre quienes reconocen su condición y procuran vivir en obediencia al Dios que les llama al arrepentimiento y a vivir una vida apartada para su servicio y su gloria.
Por otro lado, durante la Cuaresma, la iglesia antigua invitaba a los nuevos creyentes a la reflexión, al estudio, a la oración y a la abstinencia. Así se preparaban para recibir el bautismo y unirse formalmente a la iglesia el domingo de Resurrección. Mientras esto sucedía, la iglesia se unía a ellos en este proceso de reflexión, en preparación para renovar sus votos de compromiso con el Señor.
La Cuaresma debe servir como invitación a reconocer nuestra fragilidad e imperfección, por un lado, y a recordar la gracia de Dios que se extiende precisamente sobre quienes reconocen su condición y procuran vivir en obediencia al Dios que les llama al arrepentimiento y a vivir una vida apartada para su servicio y su gloria.
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