La Iglesia, El Templo del Dios Viviente

Esta santa Iglesia de Dios es llamada el templo del Dios viviente, edificada con piedras vivas y espirituales, cimentada sobre el fundamento del que no puede colocarse otro y que, por lo tanto, es llamado “columna y baluarte de la verdad”. La Iglesia no yerra mientras descansa sobre Cristo la Roca, y sobre el fundamento de los profetas y apóstoles. Pero no es de extrañar que yerre tantas veces como abandone o deserte de quien es la única verdad.*           


                                    *La Segunda Confesión Helvética, capítulo XVII

La Iglesia

Nuestro desafío es mantenernos relevantes con los tiempos, servir a nuestra generación, pero sin alterar las verdades de la Palabra de Dios. Estilos y métodos cambian, y deben mantenerse al día, ¿Pero la verdad? La verdad es eterna. Nunca cambia…Debemos estar dispuestos a abandonar lo familiar sin comprometer lo esencial. Para ministrar efectivamente la iglesia debe despertarse a lo que cambia…y no a lo que no…La iglesia que se queda sentada mirando mal al futuro, haciendo poco más que pulir las manzanas de ayer, se transformará en una iglesia que carece de relevancia y entusiasmo. Al mismo tiempo, la iglesia que suaviza su posición teológica y altera las Escrituras para encajar con estilos futuros, perderá su poder.


Lecturas

domingo, 27 de julio     Mateo 5:43-48
lunes, 28 de julio      Deuteronomio 18:9-14
martes, 29 de julio    Filipenses 1:9-18
miércoles, 30 de julio     Salmos 90:1-12
jueves, 31 de julio     Hebreos 4:1-7
viernes, 1ro de agosto     Juan 3:1-8
sábado, 2 de agosto     II Corintios 10:12-18

La Autoridad de las Escrituras

“Así como creemos y confesamos que las Escrituras de Dios son suficientes para instruir y perfeccionar a los hijos e hijas de Dios, también afirmamos y confesamos que su autoridad es de Dios, y no depende de los seres humanos ni de los ángeles. Afirmamos, por lo tanto, que aquellos que dicen que las Escrituras no tienen más autoridad que la recibida de la Iglesia, blasfeman contra Dios y son perjudiciales a la Iglesia verdadera, que siempre oye y obedece a la voz de su propio Esposo y Pastor, y no se atribuye el ser maestra o autoridad sobre las mismas”.*


            *La Confesión Escocesa, Cap. XIX