La Autoridad de las Escrituras

“Así como creemos y confesamos que las Escrituras de Dios son suficientes para instruir y perfeccionar a los hijos e hijas de Dios, también afirmamos y confesamos que su autoridad es de Dios, y no depende de los seres humanos ni de los ángeles. Afirmamos, por lo tanto, que aquellos que dicen que las Escrituras no tienen más autoridad que la recibida de la Iglesia, blasfeman contra Dios y son perjudiciales a la Iglesia verdadera, que siempre oye y obedece a la voz de su propio Esposo y Pastor, y no se atribuye el ser maestra o autoridad sobre las mismas”.*


            *La Confesión Escocesa, Cap. XIX

Los Diez Mandamientos

Los diez mandamientos pueden parecer estrechos, pero lo mismo lo son las pistas de aterrizaje de todo el mundo. Sin embargo, a ningún pasajero le agradaría que su piloto yerre la angosta pista y aterrice unos metros fuera del camino en algún potrero, lago o vecindario. La cinta estrecha de pavimento es realmente el camino amplio que conduce a un aterrizaje seguro y confortable. Así es también como la aparente rigidez del Decálogo guía a una vida feliz y satisfecha.

                                          -Leslie Flynn, Now a Word from Our Creator


Lecturas

domingo, 20 de julio     Santiago 1:19-27
lunes, 21 de julio      Romanos 12:3-13
martes, 22 de julio    Colosenses 3:12-17
miércoles, 23 de julio     II Corintios 4:7-18
jueves, 24 de julio     Éxodo 2:11-15;3:7-12
viernes, 25 de julio     Salmos 59
sábado, 26 de julio     I Pedro 4:12-19

¡Ganamos!

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”

Carta del apóstol Pablo a los Romanos 8:1

                                  

Nuestro país no disfruta la oportunidad de tener un equipo representándonos en la Copa Mundial de Fútbol. Sin embargo, durante los pasados treinta días, la fiebre de este deporte ha tocado las vidas de un sector muy amplio de nuestra sociedad. Por todos lados se ha escuchado a la gente celebrar las victorias o sufrir las derrotas de sus equipos favoritos. Ya sea en el ámbito del deporte, la belleza, el conocimiento o las artes, me he percatado de que a la  hora en que alguna delegación o alguna persona que representa a un país o un pueblo en cualquier competencia, logra una victoria, todos solemos decir: ¡Ganamos!  

Pienso que esa expresión de solidaridad refleja el deseo natural que todos portamos de ser parte de los éxitos de quienes tienen el privilegio y la responsabilidad de representarnos. Ahora bien, ¿qué le parece si dijéramos que en el ámbito de la vida espiritual, sucede algo parecido?


Lo que aquí tenemos expresado es un concepto teológico, que presenta una posición federativa o teología del pacto (del latín foedus, en español pacto). En el mismo, Dios establece una relación con su pueblo, a través de un representante. Como lo hizo con Adán en el Antiguo Testamento, ahora lo hace con Cristo. Con la caída de Adán todos caímos (es decir, perdimos). Con la victoria de Cristo, a los creyentes se nos concedió la gracia y del perdón (es decir, ganamos). Entonces, cuando el apóstol dice: “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”, está haciendo referencia a la victoria que se nos concede por medio de Jesús. Así que por Él: ¡Ganamos!