Signos de Exclamación

“E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis.”

Evangelio según San Mateo 28:7
                                      

Si le pidiera que describiera la Pascua de Resurrección sin usar palabras, y si pudiera usar sólo signos de puntuación, ¿qué signo de puntuación escogería para describir la resurrección para sí mismo? Tal vez para usted la Pascua de Resurrección es una coma. Le hace detenerse, hacer una pausa, pensar, escuchar, pero eso es todo. Tal vez  es un receso; un gran punto. Usted pensaba que se entusiasmaría, pero más bien parece como un ritual vacío. Usted se siente como que no está dentro, sino fuera, como un espectador.

Fue un día, cuando para los discípulos de Jesús la vida parecía un punto. Él había muerto. Estaba sepultado. Era el fin de sus expectativas. Pero, un momento… Se reciben noticias de una tumba vacía. El punto ya no es un punto; es un signo de interrogación. Eso es peor que un punto. Ahora, entonces, surgen las dudas. ¿Dónde está Él? Ahora ellos han quedado totalmente perplejos. Los guardias han desaparecido; la piedra ha sido removida. Él no está allí; y si no está allí, ¿en dónde está?


Se les aparece un mensajero del cielo que les habla, diciendo: “No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo.” Luego, recordaron que les había dicho que el Hijo del Hombre tenía que ser entregado en manos de hombres pecadores, y tenía que ser crucificado, pero que al tercer día resucitaría. Por supuesto que se acordaron. Los puntos han desaparecido. Se han quitado los signos de interrogación. ¡Ahora surgen unos enormes signos de exclamación! De eso es de lo que se trata la resurrección. Es una enorme, profunda y genuina exclamación de gratitud y alabanza por la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Es así, no sólo porque significó la veracidad de su promesa, sino porque nos aseguró el perdón de todos nuestros pecados, nuestra propia victoria sobre la muerte y la garantía de estar para siempre en su bendita presencia.

Sobre el Domingo de Resurrección

El Domingo de Resurrección es la más antigua celebración cristiana. De hecho, durante los primeros años de vida de la Iglesia, cada domingo era día de resurrección. Es por ello que los cristianos del primer siglo se reunían el primer día de la semana. Mientras la mayoría de los cristianos fue judía, ellos asistían al templo o a la sinagoga el sábado. Pero el domingo era “el día del Señor”, es decir, el día de su resurrección.

Cuando, con el correr de los años, se fue apartando un domingo especial para celebrar la resurrección, todavía se continuó pensando que cada domingo era un pequeño día de resurrección. Ésta es la razón por la cual los domingos de Cuaresma no se cuentan entre los cuarenta días de penitencia y auto-examen. Son días en que, aún en medio de la Cuaresma, recordamos la victoria del Señor.

La razón por la que el domingo de resurrección era tan importante es que el centro de la fe cristiana es precisamente la resurrección de nuestro Señor. La resurrección es la celebración de la victoria de Jesús sobre los poderes del mal y sobre la muerte. Todo ello, para nuestra seguridad, esperanza y fe.

La Resurrección

Karl Heim, el famoso teólogo-científico alemán, relató un  incidente que ocurrió en Moscú después de la revolución rusa y que fue publicado por la prensa alemana. El hecho ocurrió en una de las frecuentes reuniones políticas de los trabajadores. El líder anunció al principio de la reunión que se concedería completa libertad de palabra a todos los asistentes, pero que debían ser breves. Fueron pronunciados muchos discursos y todos ellos abundaban en argumentos acerca del materialismo y la lucha de clases. Cuando todos habían hablado, el líder preguntó si había alguien que deseara exponer su punto de vista contrario, ya que se había prometido libertad de expresión. Entonces un sacerdote ortodoxo ruso delgado y de corta estatura subió a la tribuna. Mientras subía la escalinata el líder le recordó:
            – Por favor sólo cinco minutos.
            – No necesito ni cinco minutos para lo que voy a decir, respondió el sacerdote.

Acto seguido se dirigió a la multitud en estos términos: “Acabamos de oír un buen número de discursos con muchos argumentos para probarnos un nuevo punto sobre la vida y el mundo. Pero, mis amigos, ¡Cristo ha resucitado!”

Hubiera podido esperarse un estallido de risas en respuesta a la insólita afirmación, pero no sucedió así. Aquellos obreros habían oído aquel grito muchas otras veces, puesto que cada año aquellas palabras eran el clímax del servicio de resurrección. Llegado el momento de terminar el servicio de resurrección, el sacerdote proclamaba al pueblo la buena noticia: “¡Cristo ha resucitado!” Entonces las gentes se abrazaban y se besaban y gritaban al unísono: “¡Verdaderamente, ha resucitado!”

¿Qué es lo que sucedió? Pues que por encima de toda propaganda materialista y atea, está el hecho de que la resurrección de Cristo responde a las más profundas expectativas y deseos humanos. La resurrección de Jesucristo es un acto sobrenatural de Dios que manifiesta el interés y amor de Dios por nosotros y que su poder está a nuestro favor.
Lecturas
domingo, 20 de abril    I Juan 1:1-7
lunes, 21 de abril    I Pedro 1:1-12
martes, 22  de abril    Éxodo 15:1-21
miércoles, 23  de abril    Juan 15:1-15
jueves, 24 de abril    Salmo 47
viernes, 25  de abril    I Pedro 1:1-12
sábado,26  de abril    Éxodo 17:1-16