Anuncio a la Congregación - 7 de diciembre de 2014

Muy amada Congregación:

¡Que Dios les bendiga! Nos dirigimos a ustedes con profundo respeto y asumiendo la responsabilidad que el Señor, por medio de ustedes, ha puesto sobre nuestros hombros en un momento que consideramos histórico.

Como todos ustedes saben, nuestra Congregación tiene un perfil muy propio. Nos referimos a esa marca que nos ha identificado a través de toda nuestra historia. ¡Somos ordenados en nuestra adoración! ¡Somos presbiterianos! ¡Somos reformados! ¡Y eso es lo que, con la ayuda de Dios nos proponemos seguir siendo!

Por años, nuestra Congregación en Bayamón, a través de sus pastores y su Consistorio, ha venido observando y señalando lo que entendemos es un patrón consistente, por parte de la “Presbyterian Church in the United States of America” (PCUSA), de distanciamiento del principio básico que nos ordena a actuar bajo la autoridad final de las Sagradas Escrituras. Se dice que “una gota colma la copa, pero son muchas las que la llenan”. Como ustedes saben, el pasado mes de junio este Consistorio alzó la voz en contra de lo que consideramos constituía la más reciente y marcada acción de la PCUSA en este sentido.

Velando por el mejor interés de nuestra Congregación, iniciamos un proceso de búsqueda de dirección divina que nos permitiera identificar cómo mantener y continuar la ruta que hemos seguido por los pasados 54 años, en el mejor escenario posible. Es decir, en obediencia a Dios y su Bendita Palabra y, sin vernos afectados por las posturas, (a nuestro modo de ver, erradas e inconsistentes), asumidas por la PCUSA. Esta tarea la emprendimos en un ferviente espíritu de oración, dependiendo de la gracia, las fuerzas y la sabiduría que sólo vienen del Señor. Recordamos también, cómo les pedimos a ustedes que nos acompañaran con sus oraciones en este proceso, y sabemos que lo han estado haciendo. Por eso queremos darle gracias a Dios y luego a cada uno de ustedes por mantenerse junto a nosotros durante este peregrinaje de fe.
  
Siempre ha sido nuestro interés caminar de la mano del Presbiterio de San Juan, pues comprendemos la seriedad de este momento histórico, y porque sabemos que pertenecemos a esa parte de la Iglesia de Cristo. Por esta razón, solicitamos el acompañamiento de este Cuerpo eclesiástico, el cual nombró una Comisión de Evaluación, Educación y Resolución para que así obrara. Esta Comisión, cuyos miembros nos acompañan hoy, ha estado entre nosotros y con nosotros por los pasados dos meses. Durante este tiempo hemos trabajado juntos en un clima de respeto, armonía y sincera colaboración.

Como parte de nuestro proceso de evaluación, identificamos varios elementos que consideramos esenciales y de altísima prioridad. Cada uno de ellos ha recibido la debida atención, ponderación y riguroso análisis. Los mismos son los siguientes:
-    Obedecer a Dios y a su Bendita Palabra, como única regla de fe y práctica, ante cualquier otra consideración.
-  Identificar la dirección en la que Dios quiere que nuestra Congregación se encamine.
-   Mantener, como Congregación, nuestra identidad presbiteriana y reformada.
-   Preservar la integridad y unidad de nuestra Congregación.
-  Analizar lo que a nuestro entender constituye una extensa y errática trayectoria de la PCUSA sobre asuntos medulares, y evaluar el impacto de sus decisiones y acciones sobre nuestro ministerio.
-  Considerar los pasos necesarios para continuar utilizando las propiedades que hemos adquirido, necesarias para el desarrollo de la misión que realizamos en este lugar.
-  Velar porque nuestro Presbiterio reciba el menor impacto posible ante cualquier escenario.
-   Velar por el mayor bienestar de nuestros pastores en todos los aspectos.
-  Identificar una Denominación Presbiteriana y Reformada, con base en los Estados Unidos y con un perfil similar al nuestro.
-   Y, finalmente, mantener lazos fraternales con la familia presbiteriana en Puerto Rico.

Tomando en cuenta todos estos elementos, deseamos informarles que el Consistorio terminó esta parte inicial del proceso de búsqueda de dirección divina. Por eso, el pasado lunes, 17 de noviembre, le presentamos formalmente a la Comisión nombrada por el Presbiterio la solicitud para que nuestra Congregación sea transferida, junto con sus propiedades, a una Denominación presbiteriana y reformada, con base en los Estados Unidos de América y cuyo enfoque con respecto a la autoridad de las Sagradas Escrituras es consistente con el que nos ha acompañado históricamente. Esta Denominación, que tiene una relación de correspondencia con la PCUSA, es la “Evangelical Presbyterian Church” (EPC).

La EPC se organizó en el año 1981 y forma parte de la gran familia de Iglesias Presbiterianas en los Estados Unidos de América. Actualmente la EPC tiene más de 540 Congregaciones, muchas de las cuales formaron parte de la PCUSA. De todas las opciones tomadas en consideración por el Consistorio, ésta es la que mejor se ajusta a nuestra realidad por su teología reformada, su gobierno presbiteriano, sus posturas particulares sobre temas de actualidad, su entendimiento sobre la autoridad de las Sagradas Escrituras, su centralidad en la obra expiatoria de Cristo, su política sobre la ordenación de mujeres, su política sobre la titularidad de las propiedades, su enfoque misional y porque cumple con el requisito básico para solicitar una transferencia, que es gozar de plena comunión o correspondencia con PCUSA. Consideramos que ser transferidos a la EPC, nos permitiría asegurarnos de mantener esa marca de identidad que nos ha acompañado durante todos estos años. Si usted desea más información sobre esta Denominación, puede entrar en su página de internet: www.epc.org.

Entendiendo que es nuestra responsabilidad mantener informada a nuestra Congregación, coordinamos con la Comisión del Presbiterio el momento para dejarles saber a ustedes el lugar en el que se encuentran los trabajos que, junto a ellos, estamos realizando. La Comisión acogió nuestra solicitud y, en virtud de ello, en el día de hoy les estamos notificando a todos ustedes nuestra determinación de ser transferidos formalmente a esta Denominación presbiteriana hermana, la EPC. La Comisión deberá completar su trabajo en medio nuestro y eventualmente presentará su informe ante nuestro Presbiterio, el cual tomará la acción que corresponda.

Por esta razón, les invitamos a mantenernos orando por los trabajos de la Comisión, los del Presbiterio de San Juan, los del Consistorio, por la salud de nuestra Congregación y la de la PCUSA. Además, les queremos dejar saber que cada uno de nosotros está en la mejor disposición de escuchar cualquier observación o contestar cualquier pregunta que les pudiera surgir.

Por otro lado, sabemos que no estamos solos. ¡Dios está con nosotros! Pero también sabemos que en los últimos 12 años, alrededor de 500 congregaciones de la PCUSA fueron ya transferidas a algún Cuerpo reformado hermano. Entendemos que el camino que nos resta por andar puede estar lleno de retos. Sin embargo, nos proponemos mantener nuestra marca y seguir adelante contando con la misma gracia de Dios que nos ha acompañado y ayudado hasta el presente. Finalmente, les invitamos a reflexionar sobre la orden que Dios le dio a Moisés antes de que el pueblo israelita cruzara el Mar Rojo: “Dí a los hijos de Israel que marchen” (Éxodo 14:15). Por esa razón, y llenos de ferviente entusiasmo, les invitamos a marchar junto a nosotros, tal y como dice el coro de ese conocido himno que ha acompañado a la Iglesia del Señor por tantos años: “Firmes y adelante, huestes de la fe, sin temor alguno que Jesús nos ve”.

¡A Dios sea toda gloria y honra, ahora y por todos los siglos!

Su Consistorio,


Juan Ramón Rivera Medina
Moderador       
            
Jaime Infanzón Ledesma
Secretario del Consistorio

Carmen Rodríguez Rubert       
Enid Flores Ruiz                                  
Alfredo Aponte Córdova
Iván De Soto García                
Carla Jiménez Pérez               
Gregory Rivera Chico
Juan Carlos Lebrón Reyes     
Zordoína Robles de Alicea      
Lucy A. Concepción Roque
Abraham Colón Colón             
Jorge Rivera Rivera               

José Martínez Martínez

Llamada y Respuesta

“Y les dijo Jesús: Venid en pos de Mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando sus redes, le siguieron.”
Evangelio según San Marcos 1:17, 18
                                   
Un muchachito tenía en sus manos el teléfono de la casa. El mismo estaba en modo de silencio. De repente entró una llamada, a la que éste contestó. “Hola, ¿quién habla?”, preguntó una dama. “Habla Robertito”, contestó el niño, en voz baja. “¿Está disponible tu mamá?”, preguntó la señora. “No”, respondió el chico, susurrando. “¿Y tu papá?” “Tampoco,” dijo el niño, en igual tono. “¿Y tu abuela?” “No hay nadie disponible,” contestó en tono muy bajo el chiquillo. “¿Y dónde están todos?”, preguntó sorprendida y molesta la señora. Finalmente, el niño contestó susurrando: “Todos me están buscando.”

Para que los procesos de comunicación sean efectivos hacen falta varios elementos. Se necesitan los interlocutores, y de parte de ellos se debe generar una llamada y una respuesta. Sin embargo, debemos admitir que las respuestas necesitan ser bien codificadas y entendidas. No todo lo que se dice, sea en la llamada o en la respuesta, debe asumirse como una gestión bien comprendida.   


Cuando decimos que Dios nos habla, queremos decir que Dios siempre se comunica con sus hijos e hijas. Sin embargo, siendo que Él es Dios y nosotros criaturas imperfectas, la comunicación entre Dios y nosotros puede presentar ciertas dificultades que evitan que la misma sea efectiva. Por otro lado, podríamos decir que Dios ha dispuesto de ciertas reglas básicas que nos deben ayudar a establecer una comunicación efectiva. En primer lugar, Dios siempre asume la iniciativa, Él llama; nosotros debemos responder. Su llamada invita a conocerle. Nuestra respuesta debe inclinarnos a escuchar y a obedecer. Hagamos como los discípulos, que oyeron y obedecieron.

Sobre el Llamamiento Eficaz

“Este llamamiento eficaz proviene sólo de la libre y especial gracia de Dios, y de ninguna manera de algo ya previsto en el ser humano, quien, en esto es del todo pasivo hasta que lo revive y renueva el Espíritu Santo. Es entonces cuando queda capacitado para responder a dicho llamamiento y para aceptar la gracia ofrecida y transmitida en él. Los niños elegidos que mueren en la infancia son regenerados y salvados por Cristo mediante el Espíritu, quien obra, cuando, donde y como quiere. Así también sucede con los elegidos que estén incapacitados para ser llamados visiblemente por el ministerio de la Palabra.”*


* Confesión de Fe de Westminster (6.065, 6.066)