Y La Suma Siempre Es Dos

“Y Él dijo: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente’. Y el segundo es semejante a este: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’.”
Evangelio según San Mateo 22:37, 39
                                                                        
Pienso que si Jesús hubiera sido un maestro de Matemáticas, habría tenido serias dificultades a la hora de dar explicación a sus prácticas. De hecho, su modo de realizar operaciones resultaba un poco extraño. Por ejemplo, cuando tenía que multiplicar, dividía (como en el caso de los panes y los pescados). Para obtener un resultado mayor, restaba, (como los típicos imperativos dirigidos a quienes pretendían seguirle: deja, corta, pierde, quita, etc.)

Pero también sus sumas resultaban sorprendentes. El judaísmo contaba hasta 613 preceptos. 365 comenzaban con el “no” y 248 con un perentorio “debes”. Luego había centenares y centenares de prescripciones que se referían al que era considerado el mandamiento más grande: el sábado. Sin embargo, cuando se le pidió responder a la pregunta sobre el más grande mandamiento, respondió de manera realmente sorprendente.


El Maestro por excelencia comienza a “sumar”, y sumando todo, el resultado siempre es dos: Amar a Dios y amar al prójimo. De manera que no hace falta complicarse la vida propia ni la de los demás. La suma de todos los mandamientos y preceptos siempre es la misma: dos.

La Perseverancia de los Santos

“Quienes Dios aceptó en su Amado Hijo, los llamó y eficazmente los santificó por medio de su Espíritu, no pueden caer del estado de gracia de manera total y definitiva, sino que perseverarán hasta el fin para ser salvos por la eternidad.”*
                       

*Confesión de Fe de Westmisnter, capítulo XIX.1

El Cristiano Debe ser Honesto

Al doctor Carlos de la Torre, médico y pastor bautista argentino le oí contar esto: En Buenos Aires había un hermano muy fiel, quien ya estaba jubilado. El dinero que recibía por su jubilación no era mucho y él se buscaba algunos trabajitos para ayudarse. Una empresa fuerte lo empleó para hacer depósitos en el banco y cobrar ciertas cuentas. Su comportamiento fue tan bueno que le permitieron también representar a la empresa para ofrecer presupuestos al gobierno para obras de licitación. Hubo una por valor de 150,000.00 de pesos argentinos. Cuando se reunieron varios licitadores en una de las oficinas del gobierno, el licitador de una empresa aún más poderosa se le acercó y le susurró al oído:

-Te doy 5,000.00 si me dices por cuánto es la licitación de ustedes.

Él le respondió:
-       No me haga semejante proposición; yo soy evangélico y no vendo mi conciencia por ningún dinero.

Este es el testimonio que deben dar los cristianos. Ningún precio puede ser lo suficientemente alto para pagar el delito de manchar la conciencia y la reputación del buen nombre.


Lecturas
domingo, 26 de octubre     I Pedro 5:8-11
lunes, 27 de octubre   Salmos 32:1-5
martes, 28 de octubre      Gálatas 1:6-9
miércoles, 29 de octubre     Isaías 40:12-13
jueves, 30 de octubre     Hebreos 11:1-6
viernes, 31 de octubre     Deuteronomio 6:1-6
sábado, 1ro de noviembre     Santiago 3:13-18