Con Tareas Simultáneas

“El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.”

Epístola a los Romanos 12:9
                                   

Un diácono de una congregación en la que serví hace algunos años, me dijo un día: “Pastor, yo estoy en la mejor disposición de servir en la iglesia. Pero, por favor, no me pida hacer más de una tarea de manera simultánea. Yo no puedo caminar y mascar chicle a la misma vez.” Como cuestión de hecho, conozco varios casos similares al de este querido hermano.

La pregunta que podríamos hacernos es la siguiente: ¿Será que no todas las personas son capaces de realizar más de una tarea de manera simultánea? Comparto con ustedes lo que descubrí, luego de un ligero proceso de consulta. Existen algunas condiciones patológicas que requieren que las personas que sufren de ellas, se enfoquen sólo en la realización de una tarea. Otras personas, sencillamente, optan por desempeñar sólo una tarea a la vez. Estos últimos, sin embargo, podrían realizar más de una tarea, si se lo proponen o si las circunstancias lo demandaran.


Cuando el apóstol Pablo exhorta a la iglesia en Roma a vivir la fe cristiana, según esta parte del capítulo 12, realiza una invitación llevar a cabo más de una tarea de manera simultánea. Podríamos decir que, esencialmente, la práctica del amor fraternal figura como la constante o la nota más sobresaliente en los versículos 9-21 del capítulo 12. Sin embargo, la invitación no es tan romántica o ideal como pudiera parecer a simple vista. Él comienza diciendo: “El amor sea sin fingimiento.” Es decir, la práctica del amor en el ámbito del pueblo de Dios requiere autenticidad y franqueza. Además, luego dice: “Aborreced lo malo, seguid lo bueno.” O sea, el amor no consiente lo malo. En lugar de ello, procura producir una conducta agradable a Dios. Amar así, muchas veces produce dolor. Pero ese dolor, a la larga da buenos frutos y, sobre todo, tiene como mayor motivación la obediencia que Dios requiere de nosotros. Así que, tenemos tareas simultáneas: amar a nuestros semejantes y obedecer a Dios. ¡Que Él nos ayude a realizarlas!

¿Se equivoca la Iglesia?

“La Iglesia no se equivoca mientras descansa sobre Cristo, la Roca, y sobre el fundamento de los profetas y apóstoles. Pero no es de extrañar que se equivoque tantas veces como abandone o deserte de quien es la única Verdad.”*


            *La Segunda Confesión Helvética, Cap. XVII

Como Corregir sin Herir



En cierta ocasión me encontraba trabajando con un grupo de voluntarios que pintaban un viejo templo. Un señor se puso capataz para decirnos lo que deberíamos hacer. Un joven ensalzó una soga en la torre y trepó por ella para pintarla, cosa bastante difícil. Con el balde de pintura colgando de la cintura, se sostenía de la soga con una mano mientras que la otra pintaba a todo vapor. El capataz, desde el suelo grito:

- Estas salpicando de pintura, hazlo más despacio.

El joven bajo por la soga  y le entregó al capataz el balde y la brocha, diciendo:
- Muéstrame cómo.

Cuando se crea usted en la necesidad de abrir la boca y señalar las faltas ajenas, considere primero como hacerlo, ayudar y mostrar. Comprobará que la tarea que quiere criticar quizá no es tan fácil como usted le parecía.


Lecturas
domingo, 31 de agosto    Lucas 23:32-43
lunes, 1ro de septiembre  Juan 13:3-16
martes, 2 de septiembre      Deuteronomio 4:5-10
miércoles, 3 de septiembre     Hageo 1:2-7
jueves, 4 de septiembre     Mateo 27:1-10
viernes, 5 de septiembre     Mateo 13:1-9
sábado, 6 de septiembre     I Tesalonicenses 5:14-24