El Milagro de la Encarnación

“Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Evangelio según San Lucas 1:31-33
                                   


Volvemos al testimonio de los astronautas. Cuando Neil Armstrong y Edwin Aldrin caminaron por la superficie de la luna el 20 de julio de 1969, dejaron unas huellas que durarán muchos años. Serán borradas en el curso de miles de años, por el bombardeo de micrometeoritos que afectan la superficie lunar. Quizá dentro de muchos años, cuando alguien vaya por la luna y descubra las huellas de los astronautas, dirá: “Aquí está la prueba de que unos astronautas visitaron la luna.”

El Nuevo Testamento da testimonio de que Dios nos visitó y caminó en la tierra. Esto sucedió hace más de dos mil años en la persona de su Hijo Jesucristo. Le fueron dados los nombres de Jesús y Emanuel, que significan “Dios salva” y “Dios con nosotros”, respectivamente. Él dejó profundas huellas entre nosotros, no sólo por las obras que hizo sino, sobre todo, por las vidas que fueron y siguen siendo transformadas a Su paso.   


El milagro de la encarnación nunca debería perder su brillo. Por la gracia de Dios, su Registro Sagrado se encarga de recordarnos, lo asombroso del milagro de todos los eventos relacionados a la natividad de nuestro Señor. No sólo su vida fue extraordinaria sino que el acto mismo de encarnarse fue uno realmente maravilloso. Los testimonios de los evangelios destacan el asombro de todos los personajes involucrados en este sin igual evento. Por ejemplo, María, quien fue la madre de nuestro Señor, reaccionó con el asombro propio de una mujer que recibe la inesperada visita de un ángel que viene a anunciarle que habrá de concebir, sin haberse juntado aún con ningún varón. Luego, entre la sorpresa y el asombro, responde sumisa y obedientemente al designio divino. Lo mismo debería pasar con cada creyente. Debería asombrarnos tanto el milagro de la encarnación, como el motivo por el cual el mismo se generó; que no es otro que el inmenso amor de Dios.

De Cristo como Redentor

Y no ha sido por casualidad o por capricho de los hombres por lo que se le puso a Cristo el nombre de Jesús, sino que fue traído del cielo por el ángel como embajador del eterno consejo de Dios; dando como razón del nombre, que Él salvaría a su pueblo de sus pecados.*


*Institución de la Religión Cristiana (Capítulo XVI.1)

Anuncio a la Congregación - 7 de diciembre de 2014

Muy amada Congregación:

¡Que Dios les bendiga! Nos dirigimos a ustedes con profundo respeto y asumiendo la responsabilidad que el Señor, por medio de ustedes, ha puesto sobre nuestros hombros en un momento que consideramos histórico.

Como todos ustedes saben, nuestra Congregación tiene un perfil muy propio. Nos referimos a esa marca que nos ha identificado a través de toda nuestra historia. ¡Somos ordenados en nuestra adoración! ¡Somos presbiterianos! ¡Somos reformados! ¡Y eso es lo que, con la ayuda de Dios nos proponemos seguir siendo!

Por años, nuestra Congregación en Bayamón, a través de sus pastores y su Consistorio, ha venido observando y señalando lo que entendemos es un patrón consistente, por parte de la “Presbyterian Church in the United States of America” (PCUSA), de distanciamiento del principio básico que nos ordena a actuar bajo la autoridad final de las Sagradas Escrituras. Se dice que “una gota colma la copa, pero son muchas las que la llenan”. Como ustedes saben, el pasado mes de junio este Consistorio alzó la voz en contra de lo que consideramos constituía la más reciente y marcada acción de la PCUSA en este sentido.

Velando por el mejor interés de nuestra Congregación, iniciamos un proceso de búsqueda de dirección divina que nos permitiera identificar cómo mantener y continuar la ruta que hemos seguido por los pasados 54 años, en el mejor escenario posible. Es decir, en obediencia a Dios y su Bendita Palabra y, sin vernos afectados por las posturas, (a nuestro modo de ver, erradas e inconsistentes), asumidas por la PCUSA. Esta tarea la emprendimos en un ferviente espíritu de oración, dependiendo de la gracia, las fuerzas y la sabiduría que sólo vienen del Señor. Recordamos también, cómo les pedimos a ustedes que nos acompañaran con sus oraciones en este proceso, y sabemos que lo han estado haciendo. Por eso queremos darle gracias a Dios y luego a cada uno de ustedes por mantenerse junto a nosotros durante este peregrinaje de fe.
  
Siempre ha sido nuestro interés caminar de la mano del Presbiterio de San Juan, pues comprendemos la seriedad de este momento histórico, y porque sabemos que pertenecemos a esa parte de la Iglesia de Cristo. Por esta razón, solicitamos el acompañamiento de este Cuerpo eclesiástico, el cual nombró una Comisión de Evaluación, Educación y Resolución para que así obrara. Esta Comisión, cuyos miembros nos acompañan hoy, ha estado entre nosotros y con nosotros por los pasados dos meses. Durante este tiempo hemos trabajado juntos en un clima de respeto, armonía y sincera colaboración.

Como parte de nuestro proceso de evaluación, identificamos varios elementos que consideramos esenciales y de altísima prioridad. Cada uno de ellos ha recibido la debida atención, ponderación y riguroso análisis. Los mismos son los siguientes:
-    Obedecer a Dios y a su Bendita Palabra, como única regla de fe y práctica, ante cualquier otra consideración.
-  Identificar la dirección en la que Dios quiere que nuestra Congregación se encamine.
-   Mantener, como Congregación, nuestra identidad presbiteriana y reformada.
-   Preservar la integridad y unidad de nuestra Congregación.
-  Analizar lo que a nuestro entender constituye una extensa y errática trayectoria de la PCUSA sobre asuntos medulares, y evaluar el impacto de sus decisiones y acciones sobre nuestro ministerio.
-  Considerar los pasos necesarios para continuar utilizando las propiedades que hemos adquirido, necesarias para el desarrollo de la misión que realizamos en este lugar.
-  Velar porque nuestro Presbiterio reciba el menor impacto posible ante cualquier escenario.
-   Velar por el mayor bienestar de nuestros pastores en todos los aspectos.
-  Identificar una Denominación Presbiteriana y Reformada, con base en los Estados Unidos y con un perfil similar al nuestro.
-   Y, finalmente, mantener lazos fraternales con la familia presbiteriana en Puerto Rico.

Tomando en cuenta todos estos elementos, deseamos informarles que el Consistorio terminó esta parte inicial del proceso de búsqueda de dirección divina. Por eso, el pasado lunes, 17 de noviembre, le presentamos formalmente a la Comisión nombrada por el Presbiterio la solicitud para que nuestra Congregación sea transferida, junto con sus propiedades, a una Denominación presbiteriana y reformada, con base en los Estados Unidos de América y cuyo enfoque con respecto a la autoridad de las Sagradas Escrituras es consistente con el que nos ha acompañado históricamente. Esta Denominación, que tiene una relación de correspondencia con la PCUSA, es la “Evangelical Presbyterian Church” (EPC).

La EPC se organizó en el año 1981 y forma parte de la gran familia de Iglesias Presbiterianas en los Estados Unidos de América. Actualmente la EPC tiene más de 540 Congregaciones, muchas de las cuales formaron parte de la PCUSA. De todas las opciones tomadas en consideración por el Consistorio, ésta es la que mejor se ajusta a nuestra realidad por su teología reformada, su gobierno presbiteriano, sus posturas particulares sobre temas de actualidad, su entendimiento sobre la autoridad de las Sagradas Escrituras, su centralidad en la obra expiatoria de Cristo, su política sobre la ordenación de mujeres, su política sobre la titularidad de las propiedades, su enfoque misional y porque cumple con el requisito básico para solicitar una transferencia, que es gozar de plena comunión o correspondencia con PCUSA. Consideramos que ser transferidos a la EPC, nos permitiría asegurarnos de mantener esa marca de identidad que nos ha acompañado durante todos estos años. Si usted desea más información sobre esta Denominación, puede entrar en su página de internet: www.epc.org.

Entendiendo que es nuestra responsabilidad mantener informada a nuestra Congregación, coordinamos con la Comisión del Presbiterio el momento para dejarles saber a ustedes el lugar en el que se encuentran los trabajos que, junto a ellos, estamos realizando. La Comisión acogió nuestra solicitud y, en virtud de ello, en el día de hoy les estamos notificando a todos ustedes nuestra determinación de ser transferidos formalmente a esta Denominación presbiteriana hermana, la EPC. La Comisión deberá completar su trabajo en medio nuestro y eventualmente presentará su informe ante nuestro Presbiterio, el cual tomará la acción que corresponda.

Por esta razón, les invitamos a mantenernos orando por los trabajos de la Comisión, los del Presbiterio de San Juan, los del Consistorio, por la salud de nuestra Congregación y la de la PCUSA. Además, les queremos dejar saber que cada uno de nosotros está en la mejor disposición de escuchar cualquier observación o contestar cualquier pregunta que les pudiera surgir.

Por otro lado, sabemos que no estamos solos. ¡Dios está con nosotros! Pero también sabemos que en los últimos 12 años, alrededor de 500 congregaciones de la PCUSA fueron ya transferidas a algún Cuerpo reformado hermano. Entendemos que el camino que nos resta por andar puede estar lleno de retos. Sin embargo, nos proponemos mantener nuestra marca y seguir adelante contando con la misma gracia de Dios que nos ha acompañado y ayudado hasta el presente. Finalmente, les invitamos a reflexionar sobre la orden que Dios le dio a Moisés antes de que el pueblo israelita cruzara el Mar Rojo: “Dí a los hijos de Israel que marchen” (Éxodo 14:15). Por esa razón, y llenos de ferviente entusiasmo, les invitamos a marchar junto a nosotros, tal y como dice el coro de ese conocido himno que ha acompañado a la Iglesia del Señor por tantos años: “Firmes y adelante, huestes de la fe, sin temor alguno que Jesús nos ve”.

¡A Dios sea toda gloria y honra, ahora y por todos los siglos!

Su Consistorio,


Juan Ramón Rivera Medina
Moderador      
           
Jaime Infanzón Ledesma
Secretario del Consistorio

Carmen Rodríguez Rubert      
Enid Flores Ruiz                                 
Alfredo Aponte Córdova
Iván De Soto García               
Carla Jiménez Pérez              
Gregory Rivera Chico
Juan Carlos Lebrón Reyes    
Zordoína Robles de Alicea     
Lucy A. Concepción Roque
Abraham Colón Colón            
Jorge Rivera Rivera               
José Martínez Martínez